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ENTREVISTA A SUSANA MEDINA: la coherencia multidireccional
Por Ruben H y Mónica Bergos - foto Francis Medina
Susana Medina es escritora. Nacida en Hampshire (Reino Unido), de padre español y madre alemana de origen checo, creció en Valencia y desde el año 1989 reside en Londres, ciudad donde se ha inspirado, nutrido y desarrollado la mayor parte de su trabajo literario. Con una obra tremendamente inquieta, que surca sin contemplaciones fronteras entre géneros y estilos, una curiosidad insaciable, una omnipresente lucidez y una honestidad aplastante, Susana define su trabajo literario con una poderosa aseveración que preside la entrada de su web: “A menudo la coherencia se confunde con la homogeneidad. Para ser coherente el arte debería disparar en todas direcciones.” Susana Medina ha escrito y publicado poesía, novela, cuentos, ensayo y guión cinematográfico. Ha obtenido innumerables galardones entre los que destaca el premio internacional de relato corto Max Aub. Una tesis doctoral sobre José Luis Borges, que se ha convertido en libro -“BorgesLand”- y la reedición de “Philosophical Toys” -su primera novela en inglés sobre la especial relación de Medina y Buñuel con los objetos- tienen sumida a la autora en una etapa de hiperactividad intelectual de la que a pesar de todo quiso salir para concedernos una extensa y generosa entrevista, parte de la cual publicamos a continuación.
En el poema Volver a Islandia de tu libro “Souvenirs del Accidente”( 2004) dejas entrever una relación especialmente íntima con el autor con el que, en cierto modo, has compartido los últimos años de tu vida durante la elaboración de tu tesis doctoral: Jorge Luis Borges.
En un poema Borges dice: “No supe ser feliz”. Borges se refiere a su vida y en concreto a su vida emocional. Su vida emocional era desastrosa. Para mí fue una elección digamos muy temprana. Decir, bueno, por una parte está la escritura y por otra parte está también la vida. Y yo quiero vivir. Sin embargo la misma vida me ha llevado de alguna manera a reconciliarme con ese mundo imaginario en el que Borges se refugiaba, un mundo imaginario que trasciende y a su vez transforma la realidad. “La ceguera no es una tiniebla sino otra forma de la soledad” decía Borges. Yo creo que Borges, con cuya obra efectivamente he compartido unos cuantos años de mi vida, no encontró felicidad en su relación con otras personas aunque encontró absolutamente felicidad literaria. Esos tipos de felicidad existen. Es algo muy personal pero supongo que lo escribí cuando me quedé totalmente sorda tras una enfermedad que duró tres años durante los que no sabía lo que iba a pasar. De todo ello surge mi poema “Volver a Islandia”.
Volviendo a “Souvenirs del Accidente”, en el poema número 66, un poema espeluznante que nos transporta a ese ambiente rancio de la España franquista casi histórico, hablas de una Lolita española que se suicida ¿Rendición?
Lolita se suicida, sí. Aquí entramos en el tema de lo “políticamente correcto”. Desde un punto de vista “políticamente correcto” y feminista, Lolita es una mujer maltratada por sus circunstancias que no ha sido suficientemente fuerte para sobrevivir. Pero es que la vida es así. De repente alguien no aguanta más y se suicida. ¿Es eso políticamente correcto? El caso es que ocurre.
En alguna ocasión te has referido a la escritura como energía, como pulso, como rebelión ¿Qué quieres decir con todo ello?
No necesariamente rebelión en sentido político. A menudo una obra artística produce un efecto que tiene que ver con la magia, con algo que te comunica formas que no son totalmente conscientes. Como la música en cierto modo ¿Cómo se traduce la música? ¿Acaso se puede decir por ejemplo, esto es música sociológica? Por eso lo de la escritura como pulso, es decir hay cosas que producen un placer de manera casi corporal y es un placer estético que tiene que ver con el sonido, con las imágenes, con cómo fluye una obra. Yo creo que la energía en sí misma puede ser rebel
ión en el
sentido en que hay tipos de energía que no se promocionan. Por ejemplo los experimentos formales. Cuando yo leía autores nunca me pregunté si vendían o no. Borges en su tiempo no vendía apenas y después se ha construido toda una industria alrededor de Borges. Son las paradojas del mercado. Todo ello se hace eco de un sistema mercantil brutal.
¿Ese “sistema brutal” del mercado del que hablas evoluciona positiva o negativamente en la actualidad?
Es un tema muy complejo. Con la aparición del Internet la verdad es que estoy muy entusiasmada. Porque la gente puede poner ahí lo que quiera así que se crea una jerarquía muy diferente a la que se crea con los medios de comunicación de masas o los grandes gruposeditoriales.
¿Entonces, te sientes cómoda en “la red”?
Sí, absolutamente. Lo que más me ha interesado es que con Internet la gente tiene acceso a tu trabajo inmediatamente, no se tiene que comprar tu libro. Por otra parte puedo poner el trabajo en inglés, en español, ensayos, etc. Si publico en Inglaterra no puedo publicar en español, si publico en España no puedo publicar en inglés. Todo un mundo que en una publicación convencional no cabría. En mi opinión la tecnología digital puede ayudar a la independencia artística pues flexibiliza y abarata la producción. En este mismo sentido estoy pensando en reeditar “Cuentos Rojos” en impresión digital.
El tema del idioma aparece a menudo en conferencias y entrevistas de Susana Medina.
Para mí ha sido muy problemático el hecho de haber escrito durante tanto tiempo en español viviendo aquí en Inglaterra porque mucha gente que conocía simplemente no podía leerme. Durante una época la gente española que conocía no leía demasiado. Y muchos ingleses a mi alrededor sí leían pero no podían entenderme. Ahora eso ha cambiado. Empezar a escribir en inglés ha significado ponerme en contacto con toda una serie de gente que está aquí y me puede leer en inglés.
Se podría decir que la trasgresión está muy presente en tu obra ¿Cómo ha evolucionado tu trayectoria literaria en torno a ese concepto?
Bueno, empecé de una forma muy transgresora porque lo que me interesaba era toda una serie de cosas que no se dicen, que no se pueden hacer, que no salen por motivos económicos. Sobre todo me interesaba el cómo se dicen. ¿Por qué no se puede utilizar esta forma, por qué no puedo experimentar a nivel formal si quiero? Esa etapa está en “Trozos de Una”, “Cuentos Rojos”, “Souvenirs del Accidente” y “Philosophical Toys” y es una manera de decir lo que no se dice.
Hablemos sobre tus últimos proyectos. “Slumberville” es una novela que llevas escribiendo mucho tiempo y parece que quieres continuar con ella.
Slumberville es sobre los sueños, de hecho la traducción literal sería “la villa del sueño”. Yo lo he transformado en una especie de pueblo o de zona geográfica. A mí me interesan muchísimo los sueños porque incluso pueden amenazar tu integridad cotidiana. Curiosamente Slumberville está escrito en español aunque el título esté en inglés y no está terminada. Llevo muchos años cambiándola, introduciendo modificaciones y la quiero mucho porque tiene trozos muy divertidos, muy extraños, que me apetece recuperar.
Esto de los sueños en cierto modo nos conecta con el surrealismo y el surrealismo con Buñuel, otro de tus referentes artísticos.
El movimiento surrealista pienso que es un movimiento circunscrito a una época determinada y que no tiene el monopolio de la realidad onírica o irracional, la cual ha existido siempre antes y después del surrealismo. Lo que me interesa de Buñuel es que exploró una serie de cosas que no se suelen explorar. Yo he trabajado sobre los ejemplos de fetichismo en Buñuel. “Philosophical Toys” tiene en cierto modo relación con todo esto. Trata sobre nuestra extraña relación con los objetos. Nos gustan pero a la vez somos críticos de ellos. Los humanos crean objetos, por eso con frecuencia estos tienen un fuerte componente humano. Por ejemplo ese reloj (apunta a un viejo reloj metido en una caja con dos puertas semiabiertas que hay en un mueble cercano a donde nos encontramos hablando), ese reloj está atrapado en una caja como a punto de salir pero no sale porque está atrapado. Es sólo un momento porque un momento más tarde podría salir... es como un huevo en eclosión (...) Mi generación tiene una debilidad muy grande por los juguetes, por las cositas pequeñas. Yo tengo muchos amigos que se compran directamente juguetes y tienen cuarenta años. Esto genera en mí una reacción ambivalente: por una parte pienso que es positivo mantener la infancia dentro de uno y no convertirse en personas demasiado serias lo cual me parece muy triste... creo que es importante mantener una relación con lo tonto de cada uno, con lo infantil, con lo puro. Por otra parte el consumismo explota esa debilidad. Puedes pensar que ser infantil es algo “anti-sistema” pero al mismo tiempo el consumismo digamos que incluso anima un tipo de mentalidad infantil. En resumen piensas que has decidido libremente, que quieres ser infantil para que una parte tuya no muera pero los que venden productos han decidido que lo van a promocionar más precisamente porque gracias a ti y otros que han tomado esa decisión “antisistema” cierto producto vende... (risas).
www.susanamedina.net
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